Una verdadera compañía

La sensación del error, las pisadas de una enorme caída, es como hemos vivido muchos durante ciertos momentos.

Nos equivocamos como todos, cómo los expertos, como esos especialistas, e ilustrados, o como aquellos que lo saben todo. como lo hizo Roberto Baggio en la final del mundial en 1994. Todos solemos caer. 

Entonces, para aprender de la vida hay necesidad de equivocarse.

Son muchas las veces en que necesitamos fuerzas. En que he necesitamos que la esperanza sea real, y no una teoría básica para creer o emprender. 

Salto y caída.

La vida es riesgosa casi que por naturaleza. Cuando saltamos se acaba el tiempo, los borradores y desde allí vivimos con las consecuencias. El dolor de la derrota, el olor a soledad, la cama de fracaso. No nos da para querer saltar nuevamente. Las piernas se vuelven un pánico de dudas. La mente un lago de preguntas. La gloria se marchó sin despedirse y se llevó a sus amigos. Quedamos solos, ¿cierto?

Una vez heridos, una vez acabados, una vez abajo, deberíamos pensar distinto. 

Me llamé soledad y Él se llamó compañía. Me llame cansado, y Él se llamo fuerzas. Me llame deprimido, y Él me llamo amigo. 

Hubo golpes en la cara, en el alma y debajo de mis ojos. No hubo pasaje para abandonar el país de la lucha. Hubo oscuridad para conocer otro camino a la esperanza. Una esperanza dirigida. Las circunstancias son algo natural. Existe muchos silencios abajo y seguramente callar sea un idioma, pero también es un acto de tortura cuando nos sobrepasamos en ella.

No permitirá que tu pie resbale;

jamás duerme el que te cuida.

Salmos 121:3NVI

Las personas se oscurecen, pierden el rumbo, se vuelven egoístas, quedan huérfanos, y se alejan.

Lo real en esto, es creer que se puede caminar herido, que se puede llevar un muerto (el alma), aún arrastrando una oscuridad hasta poder llegar hasta la esperanza, pero eso no ocurre por fuerzas propias, eso pasa porque Él está, Él llega, Él aparece. Puedes hablarle en silencio, Él conoce el idioma perfectamente. Él sabe de miradas tristes, y cargadas. Él sabe de oscuridad, de traición, de abandono, de depresiones. 

Él continua en la caída, en lo bajo. No salio, ni escapo, no se cansa de mi, ni de ti, ni de las mimas canciones, ni de ponernos vendas para caminar.

Yo acepte su amistad, ¿y tú?

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