Un Jesús que está contigo

El Jesús de mucha gente es lo suficientemente pequeño como sus pensamientos. Ese Jesús cabe en una pecera, en una cajita de lápices. Un Jesús diminuto, un Jesús impotente a todo, un Jesús que hemos limitado por nosotros mismos y no por que Él sea así.

Jesús cambia todo. Modifica la manera cómo ves lo que ves. Jesús vino para estar cerca de ti. Si, exactamente así. Vino exclusivamente para estar cerca de ti, para acompañarte en silencio cuando no tienes las más mínimas intenciones de conversar sobre eso que te pesa en el alma, vino para acompañarte ante el desafío, ante el temor del examen, de la prueba. 

¿Recuerdan lo que dijo Jesús?

y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Si lees bien su mensaje, entenderás que no hay peros en él, no hallarás restricciones o cláusulas de comportamientos, ni nada parecido.  

Él está contigo.

Algo extraordinario de todo esto, es que Jesús no vino solamente para llegar a ti, no solamente vino para hacerte compañía en tus estaciones emocionales, ni para consolarte cuando la vida no parezca favorable para tus sueños, ni tampoco para ser un amuleto de buena compañía.

Jesús llegó también para ser. Para ser parte de ti, de tu vida, de tu entorno, de tus sueños, anhelos y fracasos. No llego para acompañarte y nada más, llegó para restaurar eso que necesitas cambiar, vino contigo por él quiere hablarte, quiere comunicarse contigo de manera especial y directa.

No te quedes con lo que has escuchado de su amor, de su perdón. Tienes que vivirlo, tienes que sentirlo, y no de una manera lejana y hasta superficial. La derrota de la muerte es una muestra inmensa de cuánto te ama. Esta es la esperanza que él da, es la esperanza que necesitamos.

Benjy Bula

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