Reconciliándonos con el padre

El corazón se conmueve, se inquieta cuando vemos la manifestación del amor de un padre, que sólo desea el regreso de su hijo. Ese hijo orgulloso, quizás prepotente, tal vez falto de responsabilidades, pero hoy es uno que lo perdió todo, por diversión, por placer, por negligencia, pero en su crisis, en lo más bajo de su vida va a su padre, sin pertenencias, triste y avergonzado.

Saben, él conocía la bondad del corazón de su padre, sabía quizás que lo recibirá, por eso es tan textual su pedido: “trátame como a uno de tus jornaleros”. 

Su asombro fue tal, que no fue lo que pensaba, que no era ni cerca a lo que sucedió. No lo recibió como uno de sus jornaleros, sino como a su hijo.

Dios nos busca, nos espera pacientemente. Él quiere una reconciliación con sus hijos

2 Corintios 5:19 dice que «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo». La palabra griega que se traduce reconciliación quiere decir «hacer que algo sea diferente».

La reconciliación desenreda, nos muestra la luz, vuelve a encender lo que se había muerto. La reconciliación toca al perdido, y pone de vuelta a su hogar. 

¿Vas a volver a casa o te vas a quedar allí afuera, comiendo los desechos?

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