¿Periodista o Psicóloga?

Tenía 18 años y no dejaba de preocuparme por mi futuro. Estaba en esa etapa en la que nos preguntamos quiénes somos y hacia dónde vamos. Me imaginaba presentando en televisión un programa de viajes o entrevistando personalidades.

“Lo que se hereda no se hurta, me decían algunos amigos de mi papa cuando les contaba que quería ser periodista. Desde niña escuchaba la voz de mi padre en la radio y era muy normal ver micrófonos, grabadoras y cámaras en nuestra casa.

Siempre tuve la sensación de que al escuchar la voz de mi padre no me sentiría sola. Dios le regaló talento para comunicar sus ideas, pero también un tono de voz profundo y melodioso.

Seguí con mis planes y me propuse mencionarles a mis padres distintas opciones con respecto a las universidades. Pensé que estudiar en Bogotá era una buena idea. ¿Vivir en Bogotá, y tú sola? Me preguntó mi papá-. ¿Qué tiene de malo? Le dije inmediatamente.

En 1986 todavía no teníamos los celulares ni el WhatsApp, por lo tanto, la única comunicación a la que podíamos aspirar era la llamada telefónica y la cartita semanal.

Entendí finalmente que hubiera acabado con la tranquilidad de mis padres si seguía insistiendo en una idea, que implicaba estar lejos de la familia en una tierra fría e insegura, como nos imaginábamos a la Bogotá de esa época.

Mi investigación continuaba y al parecer ninguna de las opciones que traía a la conversación lograban convencerlo. Fue en ese momento cuando me dijo: ¿Por qué no estudias Psicología? Y prosiguió: “La Psicología tiene que ver con el estudio del ser humano y eso te ayudaría mucho en el periodismo.

Hay cosas en el periodismo que las aprendes más en la práctica. Yo te enseño y vamos a ver si empiezas a ir a la emisora”.

No tardé en hacer las vueltas de la universidad e ingresar al programa de Psicología de la Universidad del Norte en Barranquilla. Por aquella época Ernesto McCausland y Henry Jiménez tenían un magazín de radio por ORO stereo, una emisora de música americana en Barranquilla.

Hice allí mis pininos en radio realizando algunas entrevistas y notas para gente joven; sin embargo, la universidad comenzó a absorberme y cuando me di cuenta, solo tenía tiempo para estudiar y fue sólo semestres más tarde, cuando por fin comencé a participar en un programa de radio con mi padre y mis hermanos.

Notifarándula, Tempranito y de Mañana, El Diario del Caribe y últimamente Satélite, me dieron la oportunidad de practicar el periodismo radial y escrito, al igual que algunos programas de televisión en la ciudad de Miami.

Puedo decir hoy que soy psicóloga y periodista a la vez, aunque dedico más mi tiempo a la psicología. Mi padre tenía razón, la psicología me ha enseñado mucho sobre el ser humano; pero con el periodismo le perdí el miedo a comunicarme con el público al que le pudiera llegar mi mensaje. ¿Al final de cuentas, de qué sirve el conocimiento si no lo compartimos?

La Psicología me abrió las puertas en los Estados Unidos ya que pude ejercerla desde que decidí mudarme de Colombia. El periodismo nunca se apartó de mi mente y de mi corazón, lo estudié formalmente y hoy agradezco a mi padre por su consejo sabio y por sus enseñanzas en el mundo de la comunicación.

El fue periodista de profesión; pero un increíble psicólogo por naturaleza, de esos que nacen cada cien años y que no le temen a la competencia ni tienen el celo profesional de los derechos de autor.

Que experiencia única es escuchar sus análisis y su visión futurista que aún quedan grabados en el internet y en mis pensamientos.  Creo que combinaba muy bien su instinto con sus conocimientos y con el olor de la tendencia. Me parece escucharlo diciendo: “Mija, recuerda que el conocimiento abre puertas que el dinero nunca podrá.”

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