Ni te dejó, ni te abandono: Dios

El futuro es y siempre será una pregunta con grandes interrogantes, algo que intentamos controlar, pero que cientos de veces nos produce inseguridad. 

No sabemos qué será de nosotros y a veces nuestra mente recorre mucho, nos imaginamos atrapados en situaciones que no han ocurrido. Creamos historias trágicas donde enfermamos fatalmente, donde quedamos marginados y solos en un olvido.

En medio de esas dudas y batallas que llegan a nuestra mente a diario tenemos la oportunidad de vencer esos obstáculos y de creer en la Palabra de Dios, donde él nos dice: «No te dejaré ni te abandonaré» (Hebreos 13,5), y nos recuerda que «nada podrá separarnos del amor de Dios» (Romanos 8,39).

No falto ni una palabra de las buenas promesas que Dios le había hecho a Israel. En realidad todas, absolutamente todas se cumplieron. 

Uno de nuestros problemas e inconvenientes como humanos es eso, que pensamos como humanos, actuamos como humanos, sentimos como humanos. Y resulta que Dios no piensa como humano, no actúa como humano, y no siente como humano.

Dios no es hombre hijo, Dios no piensa, ni maquina como nosotros lo solemos hacer. El no padece de falta de motivación para hacer las cosas, el no anda depre por algo en particular. El no miente y tampoco se arrepiente de su palabra, de su silencio. 

¿Alguna vez te ha dicho algo que Dios no haya podido cumplir? 

Si creemos en la voz de sus promesas, podemos saber y estar confiados que con seguridad el Espíritu Santo estará de verdad con nosotros, no importando que, Él en toda circunstancia estará.

Es por eso, que no importa tanto cómo será nuestro futuro ni lo que nos sucederá. Es más importante sentirnos seguros sabiendo que no estaremos solos. De eso podemos tener certeza. 

Por eso mientras, podemos disfrutar el recorrido agarrados a su voluntad que entre otras es agradable, es buena y sobretodo Perfecta. Dios ni te ha dejado y mucho menos te ha abandonado. 

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