Lenguaje de amor

Aún en medio de esta generación de las luces, de la redes, de viajes inesperados y de cierta velocidad, aún seguimos descubriendo el ritmo de Dios, su lenguaje de amor. 

Creo que una cosa que aprendemos y que siempre estamos en esa constante es que no podemos, ni deberíamos cerrarnos en la manera en que nuestro padre desea comunicarse con nosotros, sus hijos. El no es repetitivo. El no se conforma. Siempre busca llamar nuestra atención con una canción de cuna, o cuando escuchamos a nuestro Dj favorito. Cuando entramos a la librería y vemos el titular de una revista, o la sonrisa de quien nos atiende.

El lenguaje de Dios es único. Es quizás por eso que debemos estar atentos a su voz, a su llamados, a los detalles, esos mismos que a veces no logramos percibir porque nuestra mente está ocupada en ciertas emociones, porque nuestro mundo es presionado con las labores a las que somos sometidos, o a las mismas que nos hemos impuesto. 

Por eso creo que lo más importante que estamos dispuestos. Estamos dispuestos a estar alertas, a estar pronto a. Su ritmo, su lenguaje de amor es muy sorprendente porque puede cambiar, puede evolucionar, y revolucionar nuestra manera de creer, de pensar, de soñar, y de vivir. Su amor nos ha dado la capacidad para todo eso.

Su amor nos va a sorprender, de tal modo que nunca pudimos imaginar tal cosa. y saben que eso es fantástico. Su amor inagotable habita en nosotros, en nuestros días, y  me agrada eso la mayoría del tiempo. Pero también debo decir que me choca, y me molesta mucho porque nosotros los seres humanos somos tan, pero tan  predecibles y hemos podido encajar a Dios en un molde, porque en el fondo queremos que actúe, que piense como nosotros, con esa manera tan nuestra que tenemos de vivir, que solucione nuestros problemas como lo haríamos nosotros. Y seguro quizás algunas cosas puedan funcionar así, pero una parte de nosotros necesita tener algo más que solo fe, porque este camino de con Jesús, necesita esa confianza no tradicional; él sabe lo que es mejor, el tiene todo el plano general, y nosotros solo un pequeño plano.

 Así que si su ritmo cambia en mí, es por mi bien y que yo debo confiar en eso en lugar de luchar contra eso.

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