Inteligencia emocional

En la nota descriptiva N°369 que realizo la Organización Mundial de la Salud, se estima que la depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, y se calcula que afecta a unos 300 millones de personas. La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan más de 800 000 personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años.

En medio de esta realidad suministrada en datos, nos damos cuenta que la vida no ha sido nada sencilla para muchos, de hecho no es cómoda, ni alentadora. Las crisis económicas, las guerras políticas y de estados, la vulnerabilidad familiar, y sobre todo las relaciones interpersonales nos llevan al punto de estancarnos en episodios y momentos muy particulares que nos va aislando de nuestros sueños y metas. Nos alejan y nos acercan de aquellos que amamos. Nos ponen a dudar en ciertas decisiones, y nos pone a prueba ante desafíos, algunos no esperados. Nuestra carga emocional varía, nuestro trabajo se ve desenfocado con las distracciones que pasean por nuestra mente, y somos atacados, somos bombardeados constantemente por situaciones difíciles que lidiar. La fidelidad, la tolerancia, la paciencia parecen ser palabras tan profundas que pocas veces solemos experimentar. Los amigos suelen perderse en el camino y aparecer con un puñal en su mano. La familia se divide y lo poco que se comparte es una casa, que no es un hogar. En medio de tanto caos, de tanta rapidez mediática envuelta en una red social no tan social y falta de transparencia, ¿Qué tenemos? ¿Qué somos?, o ¿En qué nos hemos convertido? ¿Somos un mundo de impulsos y emociones o somos personas que pensamos lo que estamos pensando?      

Somos un mundo golpeado, lleno de pérdidas, frustraciones, y sufrimientos para toda clase de episodios en la vida de cualquier persona con vida. Y por el otro lado, vemos a un Jesús, alguien que no fue inmune a ello, que padeció cualquier clase de sufrimiento, de emociones, de contrastes, más de lo que las palabras y letras han podido describir. De hecho Jesús tenía toda clase de motivos para padecer de una depresión. Pudo padecer de ansiedad, de ira e intenso dolor, de estrés, de impulsos. Supo que fue lidiar momentos intensos de tensión, de contrariedades y dolores emocionales. Los cambios de actitud de sus amigos, de los cercanos, las arremetidas del imperio del país, de su familia y aun así, siempre fue claro a dónde acudir. 

“Más vale ser paciente que valiente, más vale dominarse así mismo que conquistar ciudades”.

Proverbios 16:32

Todas nuestras emociones son impulsos a nuestras acciones, a cada una de ellas el ser humano se inclina hacia un determinado tipo de conducta. Jesús fue capaz de producir pensamientos y emociones diferentes a lo que el entorno exigía, y acostumbraba a tener y hacer. Fue alguien tan interesante que perturbó nuestros pensamientos y transformó el concepto de vida que tenemos, podríamos decir que fue alguien con inteligencia emocional. Alguien que tenía la capacidad de dominar sus propias emociones, pero también, sobre todo, con la capacidad y el amor de comprender la de los demás.

Dios nos dio la capacidad no solo para reconocer nuestros sentimientos, sino la habilidad para manejarlos, para responder eficazmente a la crítica, para resistir las influencias negativas, para tener dominio sobre ellos. Aprende a conocerte a ti mismo, tu personalidad, tus debilidades, y tus fortalezas. Tenemos que tener total dominio de ellas, porque en cada minuto de nuestra vida estaremos lidiando con la alegría de una familia, con la tristeza de un ser querido que ya no está, con la decepción de un amigo que nos fallo. El éxito sobre las emociones depende del crecimiento y desarrollo que podamos tener en nuestra vida, y el lugar que le demos a ellas con Dios.

Dios sabe porqué nos dio las emociones, de hecho ellas siempre van a existir, y estarán allí con nosotros. Dios en su palabra nos muestra de cómo lidiar con ellas, y Satanás usará todo para llegar y acércanos al pecado por medio de las emociones. 

Cuando pases por alguna dificultad, asegúrate de que recibas los recursos de Dios que te permitan conservar la estabilidad y calma interior que necesitas, nútrete de la palabra de Dios y de sus promesas. No olvides que tu fe está basada en hechos, en la palabra de Dios, no en sentimientos, reacciones o impulsos

“En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio”

Gálatas 5:22

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