El mejor día de mi vida

Un bendito ensayo. De eso he visto que se ha tratado la vida. Un único ensayo con tachones incluidos. Entonces, ¿Qué valor tiene la vida si el primer ensayo marca toda la historia?

Hemos aprendido muchas lecciones mal. Caminamos con guías que ya no existen, con patrones errados de una sociedad selectiva, y descoordinada de valores. Vamos orgullosos y errados en la vida. Ahora, nos vamos a tener que equivocar, y algunas veces creo que no sabemos lo que hemos hecho.

Perderemos personas que no imaginamos perder, y encontraremos otras que no queremos. Llegarán mañanas que serán como enemigos, será como caminar con un maletín lleno de rocas pesadas, con los bolsillos rotos, y sombras frías. Las tardes vendrán lentas, las noches paraliticas, y en una esquina de nuestra vida habrá una soga con nuestro nombre, y un miedo que a todo dice que sí.

Entonces, ¿en qué momento hacemos las cosas bien? ¿En qué parte de la vida es que vamos aprender?

¿En qué punto aceptamos que estamos muertos?

Son felices aquellas personas que descubren la gran necesidad que tienen de Dios, una necesidad tan grande, tan desesperante que los ojos no pueden más con las lágrimas y caemos al piso desconsolados. Es ese instante donde el grito es ensordecedor, donde pedimos que haga algo con nosotros.

Hay algo abismal en todo esto, hay algo profundo en este tipo de tormentas, en esta clase de inviernos, y es que las personas que experimentan eso, de alguna manera han descubierto lo que es el reino de Dios. Jesús dijo de ellos es el reino de los cielos, de los pobres.

Dichosos y felices aquellos que lloran su necesidad espiritual, aquellos que se rinden delante de Dios, aquellos que son manoseados por un consciente tan fuerte como su propia necesidad, y es en ese estado se consigue esa consolación que solo Dios puede dar, esa consolación que restaura.

Cuando lloramos, cuando sufrimos, cuando nadie entiende lo que estamos pasando literalmente, cuando no sabemos a dónde ir ante el dolor que experimentamos el descubrimiento de todo eso es, Jesús sin duda alguna.

Solo que la teoría es teoría, y no hay nada similar a lo que realmente vivimos. Cuando el invierno llega, cuando estamos padeciendo ese sufrimiento hay una puerta que Dios quiere abrir para ti y es que lo busques con toda tu alma, porque de alguna manera el sufrimiento no nos aleja de Dios y es justo allí donde Él desea que lo descubramos en medio de.

Hay un camino que necesitas descubrir en medio de ese invierno, o de la tormenta Júpiter (así se llamó mi más reciente tormenta), Dios se revela a los que les busca de verdad. En las tormentas Dios nos consuela haciéndonos saber que Él está allí.

Mira el cuadro, hay nieve y soledad, tiemblas de miedo y ansiedad, de repente sientes una mano caliente, y no es la mano de un amigo, esos amigos ya los habías buscado y los habías encontrado dormidos cómodamente, y aunque reclamaste porque no son capaces de acompañarte una hora de sus vidas, no es la mano de un amigo la que te toca.

Si hay una noche en la que uno necesita un amigo es ese tipo de noche. Una noche para que oraran allí contigo, pero por favor se durmieron de tristeza. Pero a veces lo único que necesitamos en nuestro dolor, en nuestro desconsuelo y soledad es alguien que esté, alguien que se quede allí como esa compañía de estar solos.

El consuelo de Dios es darnos fuerzas para enfrentar lo difícil, nada más, no va a cambiar la tormenta, ni se marchara como brisa de diciembre. El consuelo es ayudarnos a ver más allá de lo que estamos viviendo.

Déjate entristecer por Dios, con esa tristeza que provoca cambios, esa que te muestra el cuadro completo, porque su fruto es bueno.. El día que perdí, fue el día que encontré a Dios, fue en la tormenta donde me rendí, no tenía nada más por hacer, nada por luchar, fue donde decidí que necesitaba buscar a Dios, necesitaba encontrarlo a Él.

Entonces, qué bendito y dichoso soy al ser consolado por Dios, al descubrir a Dios.

Hay algo real y es la rendición a Dios. No se puede silenciar su amor. Bien lo decía Soren Kierkegaard el amor no altera al amado, se altera a sí mismo. Las tormentas pueden acabar cosas, olvidar nombres, perder personas, hasta nuestra propia vida, pero hay algo que la tormenta nunca podrá acabar y es el amor.

No habrá nadie en este mundo que pudiera detener su amor. Traten de no tener deudas con nadie, excepto de amarse los unos a los otros. El día que perdí, fue el mejor día de mi vida.

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