Debes hacer tu morada en Dios

Todos hemos fracasado. Hemos conocido ese olor desagradable de la derrota. La lluvia mojada del despido injusto de aquel lugar que era nuestro trabajo. Hemos entonado la canción de los: “no”, del: “no se puede ahora”, del: “te llamaremos”, de: “no puedes volver aquí”, y es tan insostenible no tener los ojos llorosos. 

Tengo razones suficientes y válidas para estar enojado, tengo demasiados motivos para tener molestia, para romper cosas que veo en  mi camino, mi alma tiene rabia, e intenso dolor. He perdido tiempo, se ha ido todo mi esfuerzo en la papelera.

Algunos le llaman fracaso, y otros nos señalan diciéndonos fracasados. y no he sabido qué pensar de estas circunstancias.

¿Es esto una realidad o es otro desafío de fe?

Ya no sufrirán hambre ni sed.
No los abatirá el sol ni ningún calor abrasador.
Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará
y los guiará a fuentes de agua viva;
y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos.

Apocalipsis 7:16-17 | NVI

Muchos de nosotros en estos momentos podemos coincidir con lo escrito arriba. Estamos en el peor momento para soñar, podríamos creer todo, menos que exista algo con esperanza. Podemos creer en nada ahora. La economía se dispara como cohetes, el gobierno no ayuda acertadamente, mi familia no comprende mucho, y mi mente vaga buscando un refugio seguro pero lo que encuentra son sillas amontonadas de desesperanza, de tristezas, y recuerdos que no me ayudan a ver con claridad. 

Entonces parecemos no tener planes, ni viajes, ni vuelos a un destino. Sè que no estamos bien.  Recuerda que aùn en medio de estas situaciones más dolorosas, y desconcertantes Dios està con nosotros. Èl nos fortalece, està en contacto con nosotros sus hijos.

El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío». Solo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio.

¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará.

No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal habrá de sobrevenir, ninguna calamidad llegará a tu hogar. Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna.

Aplastaras al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes! «Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación».

Debes hacer tu morada en Dios. ¡Cree en Jesús! El Espíritu Santo habitará en ti y así tú podrás habitar al abrigo del Altísimo. 

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