Acércate al Padre

“Háganse amigos de Dios, y él se hará amigo de ustedes”. Santiago 4:8

Que manera tan espectacular de acercarnos a alguien. Me parece una expresión llena de afecto pero sobre todo de sinceridad. Es tal la sinceridad que en la siguiente línea, se describe lo que somos: Pecadores. 

Un amigo, un padre que te conoce sabe de tus defectos, de tus caídas, de esos lugares donde pasas los viernes por la noche. Soy de los que me gusta observar, pero esas pequeñas y significativas palabras en Santiago me producen mucha ternura, y a la vez esa consciencia que el padre sí que nos ama realmente. Por un lado nos llama y nos invita libremente a ser amigos de Dios, que dicho sea de paso ser amigo de alguien requiere una gama de características, ciertas afinidades, espacios para compartir y sobre todo construir.  

Háganse amigos de Dios, y él se hará amigo de ustedes, eso no muestra probabilidades de que posiblemente pueda acercarse el padre a nosotros, eso muestra abiertamente que él será amigo de nosotros. Pero también nos muestra que en nuestro andar diario, logramos con intención o sin intención de ensuciarnos, de caer en ciertos episodios, y ese amigo, ese padre que nos ama nos dice: Hey, límpiate las manos.

Te ensuciaste, limpiate. Te caiste nuevamente, levántate. Tú inconstante, tú que a veces no quieres hacer nada, que a veces estás triste porque las cosas andan mal, tú limpia ese corazón. Habla conmigo, y dime que sientes. Yo te escucharé, puedes llorar conmigo, y lamentarte con lo que pasó. Ese padre, ese amigo no solo quiere que te quedes deprimido, agachado, pegado al padre por reconocer tus pecados, y tus errores, todo lo contrario. El quiere después de eso, que te levantes, te laves la cara, y salgas a vivir la mejor vida que el padre ha dispuesto para ti.

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