El nuevo campeón del fútbol colombiano

Medellín era un ventarrón impulsado por más de 30 mil gargantas, como si todos empujaran para empezar la remontada. Sí se puede, sí se puede, gritaban esos hinchas, y a la distancia los junioristas debieron tener algún nerviosismo, aunque seguramente tenían una confianza ciega en el equipo, en la octava estrella. Los 11 guerreros junioristas llegaron al Atanasio Girardot exhaustos, pero dispuestos a dar la última batalla. Tenían una ventaja 4-1 que era tan grande como el Metropolitano, Barranquilla y todo el Caribe, y sin embargo les tocó  luchar y…

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